Suiza reactiva sus búnkeres históricos ante crecientes preocupaciones de seguridad
La imagen de Suiza como un oasis de neutralidad, paz y estabilidad ha sido durante mucho tiempo un elemento central de su identidad. Sin embargo, el cambiante panorama geopolítico europeo ha impulsado a este país alpino a mirar hacia su pasado para reforzar su seguridad futura. La reciente decisión de reactivar y modernizar antiguos búnkeres militares es una clara señal de que Suiza no se siente inmune ante los riesgos actuales.
Un legado de fortificaciones ocultas
Suiza comenzó a construir una red de fortificaciones militares ya en el siglo XIX, que alcanzó su máximo esplendor durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Esta red, conocida como el Reducto Nacional Suizo, estaba compuesta por búnkeres escondidos en pasos estratégicos de los Alpes, como Gotardo y Sargans, diseñados para garantizar una defensa duradera en caso de invasión.
Durante la Guerra Fría, estas estructuras se ampliaron con refugios subterráneos capaces de soportar ataques nucleares. Muchos de estos espacios fueron desmantelados o vendidos en las últimas décadas y reconvertidos en museos, bodegas de queso, centros de datos o incluso bóvedas para criptomonedas.
Imagen cortesía de: Kecko – Flickr
Un nuevo contexto, una nueva necesidad
El detonante del cambio actual fue la invasión rusa a Ucrania en 2022. Esta guerra despertó una profunda preocupación en Europa sobre la seguridad nacional y la protección civil, y Suiza no fue la excepción. A partir de 2023, las autoridades suizas detuvieron la venta de búnkeres militares. “Tenemos que aprovechar lo que ya tenemos”, declaró entonces el jefe del ejército, Thomas Süssli.
Actualmente, se están evaluando alrededor de 8 000 búnkeres repartidos por todo el país. Algunos datan de 1886. El objetivo es integrarlos nuevamente en una estrategia de defensa nacional más moderna, que combine resiliencia física con eficiencia tecnológica.
Una modernización silenciosa pero significativa
Lejos de proyectar una imagen belicista, el gobierno suizo ha iniciado una ambiciosa modernización de aproximadamente 200 búnkeres militares durante los próximos 15 años, con una inversión estimada de 220 millones de francos suizos. El enfoque es pragmático: reforzar estructuras existentes que aún tienen valor estratégico, en lugar de construir nuevas instalaciones desde cero.
Los trabajos incluyen la renovación de puertas acorazadas, filtros de ventilación, salidas de emergencia y señalización interior. Algunas inspecciones han revelado búnkeres en condiciones lamentables: estructuras oxidadas, sistemas obsoletos o túneles sin salidas funcionales. Los propietarios de refugios privados también están recibiendo advertencias: si no los restauran a los estándares exigidos, podrían enfrentarse a tarifas equivalentes al alquiler de un espacio público seguro.
Imagen cortesía de: Kecko – Flickr
Una estrategia defensiva con raíces culturales
Lo más llamativo del caso suizo es cómo la protección civil está profundamente integrada en su cultura. Desde hace décadas, la ley exige que cada nuevo edificio incluya un refugio antiaéreo o contribuya económicamente a uno comunal. En total, el país cuenta con más de 370 000 búnkeres civiles, suficientes para proteger a toda su población en caso de conflicto o catástrofe.
Esta tradición no es solo una herencia de la Guerra Fría, sino una visión estratégica de largo plazo. Los búnkeres suizos han sido diseñados no solo para resistir bombardeos, sino también para permitir la autosuficiencia por días o semanas, con filtros de aire, provisiones y sistemas de comunicación autónomos.
Mirando al futuro con los pies en el pasado
En un mundo cada vez más incierto, Suiza está enviando un mensaje claro: prepararse no significa buscar la guerra, sino evitarla. La rehabilitación de sus antiguos búnkeres es un recordatorio de que la infraestructura olvidada puede tener un papel clave en la seguridad del mañana.
Además, el enfoque suizo representa una lección de eficiencia y sostenibilidad estratégica: reutilizar lo existente, reforzar lo que ya está construido y adaptarse sin perder la esencia. Una mentalidad de previsión que, en tiempos de tensión internacional, vuelve a ser más relevante que nunca.
Imagen cortesía de: Kecko – Flickr